con esmero. Antoine reprimió una carcajada, frunciendo los labios mientras cruzaba los brazos y se llevaba los nudillos a la boca.
ᅠ—Eso… es su forma de recompensarte por haberlo encontrado —explicó con un bufido bajo, apenas contenido.
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revelando su rostro al espíritu para que lo reconociera—. Cuando desayunamos en la terraza, siempre aparece alguno. No me preguntes por qué. Pero no hay de qué preocuparse: son inofensivos.
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ojillos brillantes en Candy, observándola desde la espesura como si midiera cada uno de sus movimientos.
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Había algo en su voz, una
naturalidad. Tal vez era una excusa, una velada justificación… o, tal vez, era que realmente lo deseaba así: cerca de ella, como si ese baile fuese un permiso para borrar distancias.
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Había algo en su voz, una
Era baja, casi percibida como un murmullo que danzaba entre el susurro y el titubeo, y eso, de alguna manera, llenaba su pecho con una extraña sensación de
pelotas después —murmuró, con una chispa de humor sombrío que tensó, y al mismo tiempo alivió, el aire entre ambos—. Ya tengo bastante con que me robe las tostadas cada mañana en el desayuno.
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Era baja, casi percibida como un murmullo que danzaba entre el susurro y el titubeo, y eso, de alguna manera, llenaba su pecho con una extraña sensación de
O a quienes mi padre y mi tía consideran dignos de entrar. Son tan pocos los que conocen su existencia, que podrían contarse con los dedos de una mano.
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Por eso, cuando la invitación emergió entre aquel mar de máscaras y murmullos, la sonrisa traviesa de la pelirroja se fue borrando poco a poco, sustituida por el brillo curioso que chisporroteaba en sus ojos. Intuyó que el juego tocaba a su fin, aunque no le importó
arrastraba al abismo.
ᅠ—A no ser que prefieras volver a la diversión con ese caballero —murmuró, dejando que la ironía se deslizara entre sus palabras.
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Por eso, cuando la invitación emergió entre aquel mar de máscaras y murmullos, la sonrisa traviesa de la pelirroja se fue borrando poco a poco, sustituida por el brillo curioso que chisporroteaba en sus ojos. Intuyó que el juego tocaba a su fin, aunque no le importó
Conocía las advertencias. Las había escuchado toda su vida. Y aunque tenía el ejemplo de todas
zarcillo de tinta que trepaba desde el pecho hasta perderse en el cuello—. Estoy buscando a una doncella que conocí en una panadería, durante un viaje a Reaghan.
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Conocía las advertencias. Las había escuchado toda su vida. Y aunque tenía el ejemplo de todas
Candy se entretenía con un juego que quizás solo ella disfrutaba, pero eso nunca le había importado demasiado —sobre todo en las interminables celebraciones de los nobles en Reaghan—, donde secretamente desafiaba a su padre, como ya habían hecho sus hermanas antes que ella.
ᅠ𝐃ebía reconocer que Leontine había volcado su alma en la decoración de la fiesta. Cada detalle, hasta el más ínfimo, estaba dispuesto con una precisión casi reverencial, como si hubiera querido tejer la perfección misma en cada rincón. Era como si hubiera capturado la esencia de la Noche y la
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Emitió una risita y se adentró más entre los asistentes que giraban en perfecta armonía, en un baile que parecía coreografiado.
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Candy se entretenía con un juego que quizás solo ella disfrutaba, pero eso nunca le había importado demasiado —sobre todo en las interminables celebraciones de los nobles en Reaghan—, donde secretamente desafiaba a su padre, como ya habían hecho sus hermanas antes que ella.
Había costado, pero Candy había podido librarse de Hyacinth con un descaro
Había costado, pero Candy había podido librarse de Hyacinth con un descaro
𝒘𝒂𝒊𝒕𝒊𝒏𝒈 𝒃𝒆𝒏𝒆𝒂𝒕𝒉 𝒂 𝒔𝒌𝒚 𝒕𝒉𝒂𝒕 𝒇𝒐𝒓𝒈𝒐𝒕 𝒉𝒆𝒓 𝒏𝒂𝒎𝒆—
𝒘𝒂𝒊𝒕𝒊𝒏𝒈 𝒃𝒆𝒏𝒆𝒂𝒕𝒉 𝒂 𝒔𝒌𝒚 𝒕𝒉𝒂𝒕 𝒇𝒐𝒓𝒈𝒐𝒕 𝒉𝒆𝒓 𝒏𝒂𝒎𝒆—
—𝓢𝓮𝓭𝓾𝓬𝓽𝓲𝓿𝓮—
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—𝓢𝓮𝓭𝓾𝓬𝓽𝓲𝓿𝓮—
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