ᅠ‹ㅤ.ㅤ.ㅤ𓆩 ✦ 𓆪ᅠ𝐒𝐎𝐕𝐄𝐑𝐄𝐈𝐍𝐆 ⭑ 𝓛𝘰𝘳𝘥 𝘰𝘧 𝓝𝙸𝙶𝙷𝚃ᅠ⌠ 𝚂𝗂𝗇𝗌 𝗈𝖿 𝗍𝗁𝖾 𝙵𝖺𝗍𝗁𝖾𝗋 ♱ 𝐓he 𝐌onster ⌡
ᅠ❰🐦⬛❱ᅠ꒦꒷꒦ᅠ𝓱𝘢𝘷𝘦 𝖛𝖎𝖔𝖑𝖊𝖓𝖙 𝓮𝘯𝘥𝘴, 𝒕𝘩𝘦𝘴𝘦 𝖛𝖎𝖔𝖑𝖊𝖓𝖙 𝓭𝘦𝘭𝘪𝘨𝘩𝘵𝘴 ִֶָ☾.ᅠ❚❚❚ᅠ𝓔𝗅𝖾𝗀𝖺𝗇𝖼𝖾 ๋࣭ ⛧ 𝓟𝙤𝙚𝙩𝙞𝙘
ᅠ𓏔𓏔𓏔ᅠ❝ 𝓣𝖾𝗅𝗅 𝗆𝖾、𝑑𝑎𝑟𝑙𝑖𝑛𝑔、𝗐𝗁𝖺𝗍 𝖽𝗈 𝗒𝗈𝗎 𝖽𝖾𝗌𝗂𝗋𝖾? ❞ ⠀⸻⠀⦃ 𝗍𝗁𝖾⠀𝖆𝖗𝖙⠀𝗈𝖿⠀𝖇𝖑𝖔𝖔𝖉 ⦄⠀⸻
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ᅠ𝐋os jardines se desplegaban ante ellos como un cuento arrancado de las páginas de una fábula antigua, un reino detenido en el tiempo y bendecido por la luna. La claridad plateada bañaba cada rincón, derramándose sobre los setos tallados con precisión, sobre los rosales que parecían estar
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ᅠ𝐋os jardines se desplegaban ante ellos como un cuento arrancado de las páginas de una fábula antigua, un reino detenido en el tiempo y bendecido por la luna. La claridad plateada bañaba cada rincón, derramándose sobre los setos tallados con precisión, sobre los rosales que parecían estar
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ᅠ𝐋o era.
ᅠEra eso y más. Un capullo. Un hijo de puta. Un gilipollas. Un desgraciado. Un maldito bastardo.
ᅠY lo sabía. No era ajeno a ese tipo de palabras arrojadas contra él; había aprendido a llevarlas como cicatrices invisibles. Pero que fueran de ella… que Hyacinth fuera quien las
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Dolía.
Dolía, y lo hacía demasiado. Más que otras veces, lo que acabó asustando a Hyacinth.
Cuando llegó a su habitación, tan solo lloró hundida entre las sábanas, aferrándose a ellas como si fuera el único ancla con el que contaba.
ᅠ𝐋o era.
ᅠEra eso y más. Un capullo. Un hijo de puta. Un gilipollas. Un desgraciado. Un maldito bastardo.
ᅠY lo sabía. No era ajeno a ese tipo de palabras arrojadas contra él; había aprendido a llevarlas como cicatrices invisibles. Pero que fueran de ella… que Hyacinth fuera quien las
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ᅠ𝐋o estaba dejando sin aliento. A veces tenía que apartarse, jadeando por la falta de oxígeno; otras era él quien buscaba ahogar sus gemidos entre sus bocas, o quien se refugiaba en el hueco de su cuello para respirar contra su piel maltratada, su aliento caliente chocando contra aquella palidez
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ᅠ𝐋o estaba dejando sin aliento. A veces tenía que apartarse, jadeando por la falta de oxígeno; otras era él quien buscaba ahogar sus gemidos entre sus bocas, o quien se refugiaba en el hueco de su cuello para respirar contra su piel maltratada, su aliento caliente chocando contra aquella palidez
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ᅠ𝐋os gemidos del comandante se fundían con los de Hyacinth en una sinfonía prohibida, vibrante, demasiado peligrosa para ser ignorada. Elthan intentaba engañarse, fingir que podía estar atento a si alguien se acercaba al otro lado del árbol centenario, pero era tan inútil como tratar de contener
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ᅠ𝐋os gemidos del comandante se fundían con los de Hyacinth en una sinfonía prohibida, vibrante, demasiado peligrosa para ser ignorada. Elthan intentaba engañarse, fingir que podía estar atento a si alguien se acercaba al otro lado del árbol centenario, pero era tan inútil como tratar de contener
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ᅠ𝐍o le importaba si su cuello amanecía lleno de mordidas y chupetones que durarían semanas, ni si alguien lo veía salir con las marcas aún frescas en la piel. Lo único que importaba era el calor de Hyacinth bajo sus manos, la forma en que sus labios lo devoraban con una desesperación que
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— Tócame, Elthan—susurró— Tócame de una dichosa y maldita vez.
ᅠ𝐍o le importaba si su cuello amanecía lleno de mordidas y chupetones que durarían semanas, ni si alguien lo veía salir con las marcas aún frescas en la piel. Lo único que importaba era el calor de Hyacinth bajo sus manos, la forma en que sus labios lo devoraban con una desesperación que
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ᅠ𝐄l bofetón resonó en aquel silencio nocturno como un disparo, seco, cortante, desgarrando el aire. El rostro del comandante ardía bajo la mano de la rubia, pero no dejó escapar un solo sonido: ni un gruñido, ni un bufido de dolor, ni siquiera un gesto que delatase que aquella marca rojiza
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— De verdad…— fue tenso, cortante—Vete a la putísima mierda, Elthan.
ᅠ𝐄l bofetón resonó en aquel silencio nocturno como un disparo, seco, cortante, desgarrando el aire. El rostro del comandante ardía bajo la mano de la rubia, pero no dejó escapar un solo sonido: ni un gruñido, ni un bufido de dolor, ni siquiera un gesto que delatase que aquella marca rojiza
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ᅠ𝐍o se achantó, ni siquiera cuando la rubia se abalanzó contra él con la fiereza de una tempestad, dispuesta a enfrentarlo cara a cara. Elthan no retrocedió ni un paso. Su cuerpo era una muralla inamovible, sus ojos anclados en los de ella, y sus labios apretados en una línea tan dura que
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ᅠ𝐍o se achantó, ni siquiera cuando la rubia se abalanzó contra él con la fiereza de una tempestad, dispuesta a enfrentarlo cara a cara. Elthan no retrocedió ni un paso. Su cuerpo era una muralla inamovible, sus ojos anclados en los de ella, y sus labios apretados en una línea tan dura que
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ᅠ𝐋a calma de la noche rezumaba en cada rincón del jardín, como si el mundo entero se hubiera detenido para regalarle a Elthan un respiro. Aspiró hondo, dejando que el aire frío llenara sus pulmones, que helara la ira que aún palpitaba en su pecho. Exhaló lentamente, una y otra vez, como en los
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ᅠ𝐋a calma de la noche rezumaba en cada rincón del jardín, como si el mundo entero se hubiera detenido para regalarle a Elthan un respiro. Aspiró hondo, dejando que el aire frío llenara sus pulmones, que helara la ira que aún palpitaba en su pecho. Exhaló lentamente, una y otra vez, como en los
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ᅠ𝐋a furia ardía en sus ojos esmeralda cuando la joven fue empujada hacia él, quedando atrapada contra su pecho. Pero su mirada no estaba en ella, sino en Hyacinth, en esa sonrisa ladeada que colgaba de sus labios como un veneno dulce.
ᅠ¿Eso era lo que pretendía? ¿Jugar con él? ¿No dejarlo en
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ᅠ𝐋a furia ardía en sus ojos esmeralda cuando la joven fue empujada hacia él, quedando atrapada contra su pecho. Pero su mirada no estaba en ella, sino en Hyacinth, en esa sonrisa ladeada que colgaba de sus labios como un veneno dulce.
ᅠ¿Eso era lo que pretendía? ¿Jugar con él? ¿No dejarlo en
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ᅠ𝐋os ojos esmeralda de Elthan, tan brillantes bajo la máscara de dóberman que ocultaba su rostro y lo revelaba al mismo tiempo, estaban clavados en un único punto: un destello rosado imposible de ignorar. Allí, junto a un noble demasiado familiar para él, de cabellos dorados y sonrisa apolínea,
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ᅠ𝐋os ojos esmeralda de Elthan, tan brillantes bajo la máscara de dóberman que ocultaba su rostro y lo revelaba al mismo tiempo, estaban clavados en un único punto: un destello rosado imposible de ignorar. Allí, junto a un noble demasiado familiar para él, de cabellos dorados y sonrisa apolínea,
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ᅠ𝐋o que realmente sorprendía a Antoine —aunque fuera apenas un destello en medio de todo lo demás— era que Candy no mostrara ni un ápice de miedo ante la presencia del espíritu del bosque. Tampoco ante las orejas puntiagudas de algunos invitados, ni ante los enanos y demás razas que habían
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ᅠ𝐋o que realmente sorprendía a Antoine —aunque fuera apenas un destello en medio de todo lo demás— era que Candy no mostrara ni un ápice de miedo ante la presencia del espíritu del bosque. Tampoco ante las orejas puntiagudas de algunos invitados, ni ante los enanos y demás razas que habían
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ᅠ𝐀ntoine dejó escapar un siseo divertido, casi juguetón, mientras sus ojos se desviaban hacia los arbustos y las flores que se extendían como un océano vivo en los infinitos jardines del palacio. Seguramente habría más korelûn escondidos en la penumbra, aunque la oscuridad de la noche volvía
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Le fascinaba profundamente.
ᅠ𝐀ntoine dejó escapar un siseo divertido, casi juguetón, mientras sus ojos se desviaban hacia los arbustos y las flores que se extendían como un océano vivo en los infinitos jardines del palacio. Seguramente habría más korelûn escondidos en la penumbra, aunque la oscuridad de la noche volvía
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ᅠ𝐋a pequeña criatura, al verse descubierta, se encogió todavía más entre el arbusto, como un niño atrapado en medio de una travesura. Sin embargo, la hoja que coronaba su cabeza lo delataba, asomando entre el follaje como una bandera torpe e imposible de ocultar. Fue la voz de Candy —suave,
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Entonces giró su cabeza hacia Antoine.
—¿Hay algo ahí o tu padre también ha jugado con mi mente? —añadió en tono de broma, aunque la curiosidad vibraba en su voz—. Podría denunciarlo por allanamiento mental.
ᅠ𝐋a pequeña criatura, al verse descubierta, se encogió todavía más entre el arbusto, como un niño atrapado en medio de una travesura. Sin embargo, la hoja que coronaba su cabeza lo delataba, asomando entre el follaje como una bandera torpe e imposible de ocultar. Fue la voz de Candy —suave,
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ᅠ𝐒i Antoine era el maestro de espías del emperador, no lo era por simple azar, sino porque poseía un don que pocos podían siquiera imitar: veía y oía lo que los demás pasaban por alto; leía mensajes que jamás se pronunciaban, descubría secretos en un roce de labios sellados, en una mirada
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Había conocido el paraíso, y ahora no quería irse de allí.
ᅠ𝐒i Antoine era el maestro de espías del emperador, no lo era por simple azar, sino porque poseía un don que pocos podían siquiera imitar: veía y oía lo que los demás pasaban por alto; leía mensajes que jamás se pronunciaban, descubría secretos en un roce de labios sellados, en una mirada
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ᅠ𝐂on Candy era distinto. Con ella todo parecía arder y, al mismo tiempo, sanar. Era cálido, familiar, sencillo… pero tan inesperado que lo dejaba sin defensas. Ella tenía esa habilidad imposible de desarmarlo, de arrancarle sonrisas que no regalaba a nadie, de encender destellos en sus ojos
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—…No se lo digas —advirtió, con una naturalidad que escondía diversión—. Se pondrá como una fiera.
ᅠ𝐂on Candy era distinto. Con ella todo parecía arder y, al mismo tiempo, sanar. Era cálido, familiar, sencillo… pero tan inesperado que lo dejaba sin defensas. Ella tenía esa habilidad imposible de desarmarlo, de arrancarle sonrisas que no regalaba a nadie, de encender destellos en sus ojos
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ᅠ𝐍ormalmente no temía que otros vieran las cicatrices que marcaban sus manos. Nadie se atrevía a preguntar por ellas, y él nunca daba pie a que lo hicieran: bastaba con que cruzara los brazos y desplegara aquella aura intimidante que alejaba cualquier curiosidad. Sin embargo, en ese instante, se
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— Pídeme un baile—repitió con una suave dulzura—Hazlo bien, 𝑀𝑜𝑛𝑠𝑖𝑒𝑢𝑟 Antoine.
ᅠ𝐍ormalmente no temía que otros vieran las cicatrices que marcaban sus manos. Nadie se atrevía a preguntar por ellas, y él nunca daba pie a que lo hicieran: bastaba con que cruzara los brazos y desplegara aquella aura intimidante que alejaba cualquier curiosidad. Sin embargo, en ese instante, se
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ᅠ𝐔na sonrisa curvó las comisuras de sus labios al sentir la mano de Candy aferrarse a su brazo, pero fue su risa lo que lo cautivó de veras. Dulce, vibrante, rebosante de vida y diversión, se le ancló en el pecho con una fuerza inesperada. Nunca antes se había detenido a contemplar a la
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ᅠ𝐔na sonrisa curvó las comisuras de sus labios al sentir la mano de Candy aferrarse a su brazo, pero fue su risa lo que lo cautivó de veras. Dulce, vibrante, rebosante de vida y diversión, se le ancló en el pecho con una fuerza inesperada. Nunca antes se había detenido a contemplar a la
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ᅠ𝐋a ira rezumaba en sus ojos fríos y oscuros, tan helados como los inviernos más crudos de Rosenburg. Era una furia contenida, reunida en un solo punto, como un acero a punto de quebrarse, esperando el instante propicio para atacar con palabras afiladas o, peor aún, arruinarlo todo delante de
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—Dime, ¿qué le hiciste a mi hermana, Antoine? —preguntó con una risita suave, apenas un susurro burlón que flotó entre ambos.
ᅠ𝐋a ira rezumaba en sus ojos fríos y oscuros, tan helados como los inviernos más crudos de Rosenburg. Era una furia contenida, reunida en un solo punto, como un acero a punto de quebrarse, esperando el instante propicio para atacar con palabras afiladas o, peor aún, arruinarlo todo delante de
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ᅠ𝐔n músculo en su mandíbula pareció tensarse cuando sus ojos vislumbraron al hijo de Giovanni, Nicola. Fue un gesto mínimo, apenas perceptible, pero suficiente para delatar la ola de pensamientos que le atravesó. Su mirada se oscureció entonces, tornándose más frívola, más cortante, como una
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Encarnaba a la misma jocosidad, y sus ojos verdosos destellaban traviesos, divertidos, relegando a un segundo plano al otro chico, —rubio y con el rostro componiendo una auténtica mueca de fastidio— como si, de repente, lo hubiera reducido a la misma nada.
ᅠ𝐔n músculo en su mandíbula pareció tensarse cuando sus ojos vislumbraron al hijo de Giovanni, Nicola. Fue un gesto mínimo, apenas perceptible, pero suficiente para delatar la ola de pensamientos que le atravesó. Su mirada se oscureció entonces, tornándose más frívola, más cortante, como una
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