Comas, punto y coma, dos puntos, una que otro tilde o acento y algunos otros signos ortográficos, adoptan su lugar en el texto como figuras estéticas, más que como indicativos prosódicos o sintacticos.
—Diógenes, soy Carlo Magno, pídeme lo que quieras.
La mañana ennegrecida, casi en penumbra por las nubes, el aguacero era inminente, Diógenes contestó:
—¡Quítate porque me tap…
Diógenes con amargura y mordiéndose los labios no terminó la frase.
—Diógenes, soy Carlo Magno, pídeme lo que quieras.
La mañana ennegrecida, casi en penumbra por las nubes, el aguacero era inminente, Diógenes contestó:
—¡Quítate porque me tap…
Diógenes con amargura y mordiéndose los labios no terminó la frase.