Comas, punto y coma, dos puntos, una que otro tilde o acento y algunos otros signos ortográficos, adoptan su lugar en el texto como figuras estéticas, más que como indicativos prosódicos o sintacticos.
Pasa lento o pasa rápido.
Todo depende de qué lado
De la puerta del baño te encuentres.
Pasa lento o pasa rápido.
Todo depende de qué lado
De la puerta del baño te encuentres.
El ojo tiene una niña, el estómago una boca; entre la mano y el antebrazo hay una muñeca; en cada mano y en cada pie hay una palma; el antebrazo tiene un radio y el cuello una manzana; en la espalda hay dos paletas; en el oído un yunque, un martillo y un estribo.
… y lo que falta.
El ojo tiene una niña, el estómago una boca; entre la mano y el antebrazo hay una muñeca; en cada mano y en cada pie hay una palma; el antebrazo tiene un radio y el cuello una manzana; en la espalda hay dos paletas; en el oído un yunque, un martillo y un estribo.
… y lo que falta.
—Señora, ¿tiene usted chiles rojos?
—Si, ahí están, junto a los chayotes.
—Oiga, pero esos chiles son amarillos.
—Son rojos; se ven amarillos porque todavía están verdes
—Señora, ¿tiene usted chiles rojos?
—Si, ahí están, junto a los chayotes.
—Oiga, pero esos chiles son amarillos.
—Son rojos; se ven amarillos porque todavía están verdes
—Oye niña, ¿No te da miedo andar sola a estas horas de la noche en un callejón tan oscuro?
—Cuando estaba viva, sí.
—Oye niña, ¿No te da miedo andar sola a estas horas de la noche en un callejón tan oscuro?
—Cuando estaba viva, sí.