En la frontera entre el día y la sombra,
dos siluetas caminan sin prisa,
la luna, redonda y callada.
No hay palabras, solo el temblor
de un instante que se vuelve eterno,
bajo la luna que espera sin temor
el milagro de un amor sincero.
En la frontera entre el día y la sombra,
dos siluetas caminan sin prisa,
la luna, redonda y callada.
No hay palabras, solo el temblor
de un instante que se vuelve eterno,
bajo la luna que espera sin temor
el milagro de un amor sincero.