en el mismísimo milisegundo, empieza a hacer lo propio con sus siete toques de campana el reloj de la iglesia de mi pueblo:
los pelos de la nuca como escarpias de titanio contrachapao al cromo-vanadio, oye…
¡Joder! No recuerdo haber pasado tanto frío debajo de una manta en mi vida.
en el mismísimo milisegundo, empieza a hacer lo propio con sus siete toques de campana el reloj de la iglesia de mi pueblo:
los pelos de la nuca como escarpias de titanio contrachapao al cromo-vanadio, oye…
¡Joder! No recuerdo haber pasado tanto frío debajo de una manta en mi vida.